CRITICA
EL CORREDOR DE LA SUERTE
Por
Maria Carbonero
Cuando
alguien escucha por primera vez el “Corredor de la Suerte” se pregunta
ipso facto: ¿Cómo es posible que tras más de 20 años
de carrera este chico suene igual de fresco que el primer día? No
resulta extraño que hayan salido 21 temas buenos de entre 35 compuestos,
pero aun así el resultado final es mejor de lo que se podía
esperar. Al fin y al cabo era una apuesta arriesgada. El primer álbum
incluye los más acústicos e intimistas, esos que el público
saborea en los directos. En el segundo se enchufan las guitarras, auque
a veces con más pasión que sentido. A pesar del inmejorable
resultado final, hay un salto cualitativo entre los dos álbumes.
Salvo excepciones como “Arde Madrid” o “Generación” el resto de
temas son en general, más flojos que los del primer disco.
Lo
primero que se oye al poner el cd, Cartas de amor (cuando no hay amor),
es como si dejaras la ventana abierta...un soplo de aire fresco entre toda
la mediocridad que ronda en los últimos tiempos...hay tantas cosas
destacables en este tema que no sé por dónde empezar. Desde
la imponente línea de bajo que acuna las estrofas hasta los puntillosos
arreglos de la guitarra eléctrica que despuntan entre las guitarras
acústicas... sin duda una inestimable tarjeta de presentación.
“Marcos y Nerea”, que parece sacada de un álbum de Springsteen,
aporta una letra comprometida y de carácter intimista, con guiños
a su querida San Sebastián.“Locuras” es una de esas canciones que
parecen hechas para el set acústico de los directos, donde la conexión
del artista con la audiencia llega al clímax, y no hace falta ser
un lince para saber que será uno de los “temazos” de la gira. La
voz de Erentxun consigue emocionar en esta balada como en ninguna. Cantada
como un susurro en el oído de forma tan cercana que resulta casi
obscena. Otra de las joyas del disco es sin duda “Sweet Home Lousiana”.
Aunque en España no se lleve la combinación “porche y mecedora”
al más puro estilo country, esta canción nos transporta a
tierras norteamericanas para poner en entredicho la pena de muerte. Música
y letra se dan la mano para formar uno de los temas más potentes
de los 21 que forman el doble álbum. El mordaz título de
la canción se repite en el estribillo donde se hace más evidente
la ironía: destaca la crudeza del estribillo con los optimistas
acordes que lo acompañan. Al igual que el protagonista de la canción
dedica un “dulce hogar” al estado que le condena a morir.
El
segundo disco también abre fuerte con “Arde Madrid”, donde la voz
del donostiarra se junta con la de Dani Martín, vocalista de El
Canto del Loco. Sin tener una letra memorable la canción suena potente
y cuenta con unas segundas voces que mejoran notablemente la composición.
“Tardes de lluvia, mañanas de” es una canción agradable de
pop ligero, al más puro estilo Duncan Dhu, con unos coros bonitos
y muy fácil de digerir. Sin embargo lo mejor está aún
por llegar, la nostálgica “Generación” es quizás la
mejor canción de este segundo álbum. El sonido general que
nos transporta a los 80, permite a Erentxun incluir los desenfadados coros
que adornan la melodía. Llama la atención la batería,
que sin duda es de lo mejor, pero son las guitarras las que acaparan el
protagonismo, destacando los rasgueos en plano de fondo de la segunda guitarra
y el puente instrumental con el que termina el tema. “1977” parece una
segunda parte de “Generación, continúa con las letras nostálgicas
y las referencias geográficas a los paisajes de la infancia del
autor como es el caso de Irún. Otro tema imprescindible. Lástima
que entre estas dos canciones tan espléndidas hayan situado “Moneda
de tres caras”, sin duda el tema más flojito de todos, y que aún
desataca más situada entre estos dos gigantes. El resto de los temas
de este segundo disco son más que correctos pero pasan sin pena
ni gloria.
Se
nota la mano del productor Cameron Jenkins en el sonido general (alguna
canción suena sospechosamente “muy Amaral” pero al mismo tiempo
es una mano discreta que mantiene la esencia del “estilo Erentxun”. Sin
ser un trabajo redondo (reitero que sacar 21 temas geniales es sumamente
difícil), el resultado global es mucho más que aceptable,
no hay canciones pésimas y las que son buenas, son excelentes.
Después
de 20 años seguir creando “grandes éxitos” sin caer en la
repetición incansable y la monotonía es bastante complicado
y, por tanto, meritorio. Es posible que la paz que rodea los estudios “Du
Manoir”, al sur de Francia, haya contribuido a la inspiración creadora,
pero lo que queda claro es que Mikel Erentxun no ha perdido un ápice
de lo que fue en su día.
Critica
realizada en Popes80 en Octubre de 2006
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